Inés Fernández Guerrero no es una mujer de silencios. Su voz, forjada entre el ruido del reciclaje y las desigualdades, tiene la autoridad de quien ha pasado 26 años "guerreándosela" en la calle. Hoy, esa misma voz dejará de reclamar justicia para dar paso a un suspiro de alivio: Doña Inés ya recibió las llaves de su nuevo apartamento en Arboleda Santa Teresita.
Bogotá D. C., 15 de Abril de 2026
Nota escrita por Gabriel Castellanos Cardona - Oficina Asesora de Comunicaciones – CVP
Un rancho de latas y coraje
La historia de Inés en Bogotá comenzó por puro cansancio. "Ya estoy aburrida de pagar arriendo", le dijo a su hija hace más de dos décadas. Con niños pequeños y la responsabilidad de sus nietos sobre los hombros, decidió "desarriesgarse". Compró latas, compró palos y, con la ayuda de un sobrino, levantó la pieza que se convertiría en su trinchera.
Durante nueve años vivió allí sin saber quién era el dueño, bajo la premisa de que "las cosas no son del dueño, sino del que las necesita". Sin embargo, la realidad la golpeó cuando intentó legalizar la luz ante Codensa y apareció el propietario. En una negociación tan áspera como su propio carácter, Inés logró comprar el lote pagando cinco millones de pesos que reunió a punta de trabajo, sacrificios, hambre y cuotas mensuales de cien mil pesos.
Cuando el agua llega a los tobillos
Pero el lote por el que tanto luchó tenía un enemigo silencioso: la quebrada. Inés recuerda con nitidez las noches de lluvia intensa en las que el agua, cargada de basura y furia, levantaba las placas de cemento y se colaba por el techo y las paredes.
"El agua me llegaba a los tobillos... se me mojó todo, las camas, los muebles, todo. Pero yo decía: no me interesa, me interesa es mi salud y de aquí no me saca nadie porque es mi casa", relata con esa jerarquía y terquedad que la mantuvo en pie mientras la tierra se erosionaba metro a metro bajo sus pies.

De la "rabieta" a la redención
El proceso con la Caja de la Vivienda Popular (CVP) no fue sencillo. Inés confiesa, entre risas y nostalgia, que "les botó la toalla" más de una vez. Dieciséis años pasaron desde los primeros censos hasta que el proyecto de Santa Teresita se hizo realidad. En el camino, hubo improperios, impaciencia, peleas y muchas visitas a las oficinas donde pasó de ser "la señora brava" a convertirse en una amiga entrañable del equipo social.
"Ellos me acoplaban... me daban consejos. Yo les decía: 'Madrecita, perdóneme, pero es que yo soy alborotada'", recuerda Doña Inés, enviando hoy un mensaje de amor profundo a las trabajadoras y técnicos que nunca le hicieron un desplante y por el contrario le ayudaron con todo su proceso para que llegara el día de hoy.
El nuevo horizonte: "Vivir por lo alto Papá"
Aunque confiesa que extrañará a su gata —quien probablemente se quede con su hijo—, Inés está lista para inaugurar su hogar por su cuenta en la localidad de San Cristobal, saboreando la victoria de quien ya no tiene que poner baldes para las goteras.
"Ahora me voy a ir a vivir por lo alto, papá. Ya no voy a tener que estar pendiente de si se me viene el agua. Ahora sí cambia el sistema", dice mientras agradece a Dios, a la Virgen y a la Caja de la Vivienda Popular por el milagro de poder decir, finalmente: "Esto es mío y no me lo quita nadie".

Atrás quedarán las disputas con los vecinos por las basuras y el miedo a que la próxima creciente se lleve su patrimonio. El apartamento nuevo que recibió a manos del Director general de la Caja de la Vivienda Popular, Juan Carlos Fernández, el 7 de abril en la “EntregatónCVP” con tres alcobas, con cocina integral y en una zona residencial poblada y con buen transporte, es para ella un palacio.
















