“En el Mirador de Illimaní, en Ciudad Bolívar, la Alcaldía Mayor de Bogotá, a través de la Caja de la Vivienda Popular (CVP), lideró una jornada de voluntariado junto a la Fundación Pintuco, la Secretaría del Hábitat, la UAESP y la comunidad. Con el apoyo de entidades como la CAR, el IDRD, Transmilenio, Aire Urbano y Arealimpia, se embellecieron fachadas y espacios públicos, fortaleciendo el sentido de pertenencia, la confianza ciudadana y el compromiso del Distrito por salvaguardar la vida y transformar los territorios”.
Bogotá D. C., 25 de octubre de 2025
Por: Adriana Arango - Oficina Asesora de Comunicaciones
Dicen que cuando el color llega, también llega la vida. Que una pared pintada no solo cambia el paisaje, sino también el ánimo de quienes la habitan. En lo alto de Ciudad Bolívar, en el Mirador de Illimaní, esa verdad cobró forma entre brochas, sonrisas y manos solidarias. Allí, la Alcaldía Mayor de Bogotá, a través de la Caja de la Vivienda Popular (CVP), lideró una jornada de voluntariado que unió a la comunidad y a distintas entidades distritales para trabajar por un propósito común: revitalizar el entorno urbano, fortalecer los lazos sociales y demostrar que el color también puede ser una herramienta de transformación social y de confianza ciudadana.
El encuentro hizo parte de la estrategia “Bogotá a Color”, una iniciativa de la CVP en alianza con la Fundación Pintuco, que promueve el embellecimiento de fachadas y la recuperación del espacio público en distintas zonas de la ciudad. Con el apoyo de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP) y de la Secretaría del Hábitat, decenas de voluntarios se sumaron para pintar, limpiar y llenar de vida los espacios compartidos. Una muestra tangible de cómo las instituciones, el sector privado y la comunidad pueden construir juntos una Bogotá más amable y sostenible.
El ambiente en Illimaní era de fiesta cívica. En cada trazo se dibujaba el deseo de vivir en un lugar más digno, más colorido y propio. El color no fue solo pintura sobre las paredes: fue unión, fue reconciliación, fue una promesa de futuro.
Las fachadas comenzaron a llenarse de tonos vivos que simbolizan esperanza, alegría y pertenencia. Cada muro o casa intervenida se convirtió en una declaración de amor por la ciudad y en una invitación a creer en lo colectivo. La transformación se notaba en los rostros de quienes participaban: la satisfacción de ver su entorno cambiar, la emoción de reconocerse parte de algo más grande.
Germán Hernández, director de Reasentamientos de la CVP, destacó el alcance de esta jornada y su valor para la comunidad:
“Hoy estamos desarrollando un proceso de rehabilitación en Ciudad Bolívar, sobre el sector de Illimaní. Es un proyecto muy interesante en el que participan entidades como la UAESP, la Secretaría del Hábitat y la Caja de la Vivienda Popular, todas articuladas con el objetivo de mejorar el espacio urbano, el espacio público y, en general, el entorno de las familias. Las fachadas hacen parte esencial del espacio público y su recuperación refleja procesos valiosos de revitalización, de unidad comunal y de cohesión comunitaria, donde cada integrante del barrio participa, se organiza y se pone de acuerdo para construir un entorno más digno y solidario”.
Esta jornada de voluntariado es también una extensión del modelo de Reasentamiento en Sitio Propio del programa Vivienda Segura, impulsado por la CVP, que ofrece a las familias la posibilidad de construir viviendas seguras sin alejarse de su comunidad ni de su historia. En ese proceso, el color cumple un papel esencial: ayuda a sanar, reconectar y habitar con orgullo los espacios que antes fueron símbolo de riesgo. El color, en este contexto, no adorna: restituye la dignidad y fortalece el tejido social.

Durante la jornada, vecinos, funcionarios y aliados pintaron juntos no solo fachadas, sino nuevas formas de entender la ciudad. Las acciones colectivas de embellecimiento se convirtieron en espacios de encuentro, diálogo y reconocimiento. El voluntariado se transformó en una metáfora viva de cómo el trabajo conjunto entre comunidad e instituciones puede mejorar la calidad de vida y salvaguardar la esperanza.
Luis Agudelo, habitante del barrio Paraíso, fue testigo de este cambio y expresó con orgullo lo que significan estos esfuerzos para su comunidad:
“Llevo 25 años viviendo en este barrio y me parece muy bueno que lleguen estas actividades. Gracias a la Caja de la Vivienda Popular y a las demás entidades por embellecer este lugar que había estado tan abandonado. Es un gran adelanto para todos nosotros. Agradezco especialmente a la CVP, a la UAESP y a la Fundación Pintuco por el trabajo que están haciendo para mejorar nuestro sector y devolverle la vida a nuestro barrio”.

Su testimonio refleja el impacto profundo de estos procesos: más que color, lo que llega es presencia, acompañamiento y compromiso institucional.
Trabajar articuladamente fue clave para el éxito de la jornada. Cada entidad aportó su experiencia y compromiso para alcanzar un mismo objetivo: fortalecer el tejido social, construir confianza y demostrar que el Distrito cumple. La CVP lideró el proceso desde el territorio; la Fundación Pintuco aportó su conocimiento en urbanismo participativo; la UAESP acompañó con su capacidad operativa en limpieza y disposición de residuos; y la Secretaría del Hábitat reforzó la labor de fortalecimiento comunitario. Juntas, estas entidades recordaron que una ciudad más bella también es una ciudad más segura, más humana y solidaria.

En este esfuerzo conjunto, la Alcaldía Mayor de Bogotá, bajo el liderazgo del alcalde Carlos Fernando Galán, reafirma su compromiso con las familias más vulnerables y su prioridad de cuidar y salvaguardar la vida. Cada intervención, cada jornada de voluntariado y cada proyecto como “Bogotá a Color” es testimonio de una administración que construye confianza con hechos, que llega a los territorios y que entiende que el bienestar no se mide solo en obras, sino en la tranquilidad y esperanza de quienes habitan la ciudad.
Porque el color, cuando se usa con propósito, se convierte en símbolo de transformación. No solo embellece: genera pertenencia, fomenta la participación y fortalece la confianza entre los ciudadanos. Pinta el paisaje, pero también el espíritu. La ciudad no se construye solo con cemento, sino con vínculos, con manos que ayudan y con corazones dispuestos a creer en lo común.
Al terminar la jornada, Illimaní lucía distinto. No solo por las fachadas recién pintadas, sino por la atmósfera de entusiasmo y esperanza que quedó en el aire. Desde las alturas de Ciudad Bolívar, Bogotá se pintó de confianza, de vida y de futuro.
















