Para María Otilia, la dignidad tiene forma de paredes sólidas y pisos bien nivelados. Por eso, cuando el programa Mi Casa Viva de la Caja de la Vivienda Popular tocó a su puerta, no solo llegaron técnicos y mediciones: llegó también la posibilidad de transformar su hogar y su cotidianidad. El apoyo, representado en seis millones de pesos en materiales de construcción, fue apenas el punto de partida de un cambio que ella misma se encargó de hacer crecer.
Bogotá D. C., 26 de marzo de 2026
Nota escrita por Edwin Alberto Díaz - Oficina Asesora de Comunicaciones – CVP
El viento que sube por las laderas de Ciudad Bolívar trae un frío que cala, pero también el aroma del café recién colado. En el corazón del barrio La Estrella vive una mujer que parece haber sido moldeada con la misma arcilla de las montañas de Viotá, Cundinamarca, donde nació hace 78 años. Su nombre es María Otilia López y, en sus manos firmes y su voz pausada, guarda la historia de una Bogotá construida a pulso desde que llegó a la ciudad en 1982.
“En la escogida de los materiales fuimos allá a Easy, nos atendieron muy bien”, cuenta con una sonrisa que mezcla gratitud y orgullo. Pero María no esperó que el cambio llegara por sí solo. Con los materiales en sus manos organizó una rifa comunitaria para reunir el dinero de la mano de obra. Entre boletas vendidas, vecinos solidarios y el apoyo de su red cercana, el segundo piso de su casa dejó de ser un proyecto lejano para convertirse en realidad.
Hoy, más de un mes después de habitar ese nuevo espacio, la emoción sigue intacta. “Me dio mucha alegría, pues mi casa ha cambiado bastante. Estoy muy contenta con la Caja de la Vivienda Popular y muy agradecida con todos. Quienes vinieron del programa se portaron divinamente, con mucha decencia”, dice mientras recorre cada rincón de las mejoras que hoy hacen su vivienda más cómoda y segura.
María Otilia no es una mujer que se quede quieta. Sus días transcurren entre su participación en la Junta de Acción Comunal y las actividades del Centro Día. Allí comparte con otros vecinos y mantiene vivo su espíritu de liderazgo comunitario, también celebra que puertas adentro su casa ahora refleja la tranquilidad y el bienestar que merece después de décadas de trabajo y esfuerzo.
Con el tiempo, su relación con las instituciones dejó de sentirse como un trámite distante. Para ella, la Caja de la Vivienda Popular se convirtió en algo más cercano: una red de apoyo que entiende la vivienda no solo como infraestructura, sino como una condición fundamental para vivir con dignidad.“Esto es un regalo que Dios les da a ustedes para que ayuden a la gente a vivir bien, a estar uno cómodo”, dice con la serenidad que dan los años.
La historia de María Otilia no es únicamente la de una remodelación. Es la crónica de una vida resiliente que se niega a apagarse. En el barrio La Estrella, su nombre sigue brillando como un faro para su familia y su comunidad, recordando que incluso a los 78 años siempre es posible abrir la puerta a un nuevo comienzo.
















